Montaña y Arbol

Poesía, Cuentos, Arte y Literatura

jueves, septiembre 28, 2017

El niño y su caballo blanco - Hernan Casr


El niño y su caballo blanco

Una ciudad tras otra, construidas en la arena
Con puertas y salidas vedadas
Caminos sin recuerdos o sonidos
Un viaje interminable
A la estación constante y desierta
Destruida por el olvido.

Soy otro que se busca
Otro irreconocible
Contando el tiempo perdido en la arena
En el golpe oceánico y roca demolida
En el silencio de la flor matutina, del cactus alado
Recolector de niebla potable.

El corazón cambia
Desnudo sobre el mar se enfría la rabia permanente.
Emigramos por fin, con la cara  desfigurada y el dolor del cuerpo
Por fin en el camino como una bandera roja, quemando la morada.
Dejamos a la madre para buscar el padre.
Suspira una pereza oscura en una cajita de coral.
La intuición abierta en el pecho florece los girasoles del ovario seco
En la fundación silente entre penumbras
De un sol que  marcha en un caballo blanco
Sobre un niño lleno de hormigas.



Hernan Casr

jueves, mayo 04, 2017

Hans Arp - El Hombre La Mujer



EL HOMBRE LA MUJER


el huevo de fuego. el huevo de agua. el huevo de vien-
      to en el saco de seda. el huevo de aire.
el hombre de pie y la mujer de pie. el hombre sentado
       y la mujer sentada. el hombre acostado y la mu-
       jer acostada.
la escala de hueso apoyada contra el tronco de carne.
el hombre tiene un bastón de hueso. la mujer tiene un
       bastón de carne.
el huevo de pie. el huevo sentado. el huevo acostado.



el hombre tiene un sombrero de hueso. la mujer tiene
       un sombrero de carne.
el paisaje de fuego. el paisaje de agua. el paisaje de
       tierra. el paisaje de aire.
las piedras faltan a su deber y se precipitan con sus
       picos y garras sobre la carne.
los pliegues del fuego desbordan lágrimas. los pliegues
       del agua desbordan lágrimas. los pliegues de la
       tierra desbordan lágrimas. los pliegues del aire
       desbordan huevos.
el corazón del fuego. el corazón del agua. el corazón
       de la tierra. el corazón del aire.
yo duermo como un huevo sin corazón.



las flores castradas suben la escala de hueso.
el aire se quiebra.
los caracteres se quiebran.
la a mayúscula se quiebra. la a minúscula se quiebra.
la b mayúscula se quiebra. la b minúscula se quie-
       bra.
los caracteres de carne suben por el tronco de carne.
los caracteres de pie. los caracteres sentados. los carac-
       teres acostados.
los caracteres de hueso detrás de las flores castradas
       suben por la escala de hueso.
los caracteres de fuego, los caracteres de agua, los ca-
       racteres de aire.
cada cien años las piedras dan un paso adelante. las
       piedras llevan mesas de cuatro patas como enor-
       mes zapatos.
los caracteres de hueso suben por la escala de carne.
el hombre de hueso. la mujer de carne.


el huevo. el fuego. la tierra. el aire. el hombre. la mujer;
el huevo lleva un sombrero y un delantal de fuego.
el agua lleva una camisa con botones de aire.
el hombre lleva una corbata de fuego.
la mujer lleva un delantal de agua lo que excita a las
       flores masculinas.



cuando una piedra cae de su tallo la mujer con delan-
       tal de agua llega y apoya la escala de hueso con-
       tra el huevo de fuego.
el sombrero de carne de la mujer saluda al bastón de
       hueso del hombre.
el paisaje de aire se llena de hombres y de mujeres
       que se arrancan las hojas se hunden los sombre-
       ros y arrojan todos los caracteres contra el huevo
       volante.
el tallo del fuego. el tallo del aire.
las hojas del hombre. las hojas de la mujer.





Hans Arp
(1887-1966)

jueves, diciembre 22, 2016

Las Letanías de Satán - Charles Baudelaire





Las Letanías de Satán



Oh tú, Ángel sabio y bello, de alabanzas privado,
Dios que fue por la suerte adversa traicionado,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Príncipe del Destierro, con quien se fuera injusto,
y que, vencido, siempre te yergues más robusto,

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!

Tú, que das al proscrito el mirar altanero
que en torno del cadalso condena a un pueblo entero,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, que el rincón conoces de tierras envidiosas
donde ocultó el celoso Dios las piedras preciosas,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, cuyos claros ojos saben en qué arsenales
amortajado el pueblo duerme de los metales,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, cuya mano real ciega los precipicios
al sonámbulo errante sobre los edificios,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, cuya magia los viejos huesos aligera
del ebrio al que de noche un caballo embistiera,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, cuya mano real ciega los precipicios
al sonámbulo errante sobre los edificios,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, cuya magia los viejos huesos aligera
del ebrio al que de noche un caballo embistiera,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, que por consolar al débil cuando sufre,
a mezclar nos enseñas salitre con azufre,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, que posas tu sello, oh cómplice sutil,
sobre la frente del Creso implacable y vil,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Tú, que de las rameras el corazón halagas
con el culto al harapo y el amor de las llagas,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Bastón de desterrados, lámpara de inventores,
de ahorcados confesor y de conspiradores,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Padre adoptivo de los que, en su ciego enfado,
Dios Padre del terrestre paraíso ha arrojado,

¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!





Charles Baudelaire
Traducción de Nidya Lamarque

miércoles, noviembre 23, 2016

El Confiter del Artista - Charles Baudelaire




El Confiter del Artista

    ¡Qué penetrante es el final de los días de otoño! ¡Ah, penetrante hasta el dolor! Pues hay ciertas sensaciones deliciosas, cuya vaguedad no excluye la intensidad; y no hay punta más acerada que la del Infinito.

    ¡Gran delicia la de ahogar la mirada en la inmensidad del cielo y del mar! La soledad, el silencio, la incomparable castidad del azul, la pequeña vela que se estremece en el horizonte, y que por su pequeñez y su aislamiento imita mi irremediable existencia, la melodía monótona del oleaje; todas esas cosas piensan por mí, o yo pienso por ellas (¡pues en la grandeza de la meditación, el yo se pierde rápido!); esas cosas piensan, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.

    No obstante, esas ideas, ya salgan de mí o broten de las cosas, se toman bien pronto demasiado intensas. La energía dentro dé la voluptuosidad crea un malestar y un sufrimiento positivos. Mis nervios demasiado tensos sólo producen ya vibraciones dolorosas y chillonas.

    Y ahora, la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. Me sublevan la insensibilidad del mar, la inmutabilidad del espectáculo ...

    ¿Habrá que sufrir eternamente, o eternamente huir de lo bello? ¡Déjame, Naturaleza, hechicera sin piedad; rival siempre victoriosa! ¡Cesa de tentarme, en mis deseos y en mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en el que el artista grita de espanto antes de ser vencido.



CHARLES BAUDELAIRE
Traducción de Nydia Lamarque

jueves, noviembre 03, 2016

El perro y el frasco - Charles Baudelaire




El perro y el frasco

-Perrito mono, perrito bueno, perrito mio, ven aquí y aspira este excelente perfume que he comprado en la mejor perfumería de la ciudad.

Y el perro, meneando el rabo, lo que según tengo entendido, en esos pobres seres equivale a la risa y a la sonrisa, se acerca y pone, curioso, su humedo hocico en el frasco destapado; luego retrocediendo de pronto asustado, me ladra, empieza a ladrarme a modo de reproche.

-¡Ah miserable perro! Si te hubiera ofrecido un paquete de excrementos los habrías olfateado con deleite, y quizas devorado. En eso, indigno compañero de mi triste vida, te pareces al público a quien nunca se ha de ofrecer perfumes delicados que le exasperen, sino basuras cuidadosamente escogidas.


Charles Baudelaire

miércoles, agosto 24, 2016

La Habitación Desdoblada - Charles Baudelaire




LA HABITACIÓN DESDOBLADA


     Una habitación que parece un ensueño, una habitación realmente espiritual, en la que la atmósfera estancada está ligeramente teñida de rosa y de azul.  
    Allí, el alma toma un baño de pereza, aromatizado por el arrepentimiento y el deseo. Es algo crepuscular, azulado y rosáceo; un sueño de voluptuosidad durante un eclipse.  
    Los muebles tienen formas alargadas, postradas, lánguidas. Los muebles parecen estar soñando; se los diría dotados de una vida sonambulesca, como lo vegetal y lo mineral. Las telas hablan un idioma mudo, como las flores, como los cielos, como los atardeceres.
    En las paredes ninguna aberración artística. En comparación con el sueño puro, con la impresión sin analizar, el arte definido, el arte positivo es una blasfemia. Aquí, todo tiene la suficiente claridad y la deliciosa oscuridad de la armonía. 
    Un aroma infinitesimal exquisitamente elegido, al que se mezcla una levísima humedad, nada en esta atmósfera, en la que al espíritu adormecido lo mecen sensaciones de invernadero cálido. 
   La muselina llueve abundantemente delante de las ventanas y delante del lecho; se esparce en cascadas nevosas. En este lecho está acostada la Idola, la soberana de los sueños. ¿Pero cómo llegó aquí? ¿Quién la trajo? ¿Qué poder mágico la instaló en este trono de ensueño y de voluptuosidad? ¿Qué importa? ¡Está acá! La reconozco. 
    He aquí sus ojos cuya llama atraviesa el crepúsculo; esos sutiles y terribles luceros, que reconozco por su ¡aterradora malicia! Ellos atraen, ellos subyugan, ellos devoran la mirada del imprudente que los contempla. A menudo los estudié, estrellas negras que imponen la curiosidad y la admiración. 
    ¿A qué demonio condescendiente le debo por estar así rodeado de misterio, de silencio, de paz y de perfumes? ¡Oh beatitud! ¡Lo que solemos llamar vida, incluso en su más dichosa expansión, nada tiene de común con esta vida suprema que ahora conozco y que saboreo minuto a minuto, segundo a segundo!
    ¡No! ¡Ya no hay minutos, ya no hay segundos! El tiempo desapareció; ¡la Eternidad es quién reina, una eternidad de delicias! 
   Pero un golpe terrible, pesado, resonó en la puerta, y, como en los sueños infernales, tuve la sensación de que me golpeaban con un pico en el estómago. 
   Y luego entró un Espectro. Es un ujier que viene a torturarme en nombre de la ley; una infame concubina que viene a dar gritos de miseria y a agregarle las trivialidades de su vida a los dolores de la mía; o el mensajero del director de un diario que reclama la continuación del manuscrito. 
    La habitación paradisíaca, la Idola, la soberana de los sueños, la Sílfide, como decía el gran René (1), toda aquella magia desapareció tras el golpe brutal del Espectro. 
    ¡Qué horror! ¡Me acuerdo! ¡Me acuerdo! ¡Sí! Ese tugurio, esa morada del eterno tedio es claramente mi lugar. En él, los muebles necios, polvorientos, deteriorados: la hoguera sin llamas y sin brazas, mancillada por escupitajos; las tristes ventanas donde la lluvia trazó surcos en el polvo; los manuscritos tachados o incompletos; el calendario en el que el lápiz inscribió ¡las fechas siniestras!
    Y a aquel perfume de otro mundo, en el que me embriagaba con una sensibilidad perfeccionada, ¡ay! lo remplaza un fétido olor a tabaco mezclado con una especie de moho nauseabundo. Aquí ahora se respira lo rancio de la desolación. 
    En este mundo estrecho, pero tan repleto de hastío, solo un objeto conocido me sonríe: el frasco de láudano (2), viejo y terrible amigo; como todos los amigos, ¡ay! fecundo en caricias y alevosías. 
    ¡Oh! ¡Sí! El Tiempo reapareció, el Tiempo reina en soberano ahora, y junto al viejo repugnante, todo su demoníaco cortejo de Recuerdos, Arrepentimientos, Espasmos, Miedos, Angustias, Pesadillas, Enojos y Neurosis. 
   Les puedo asegurar que ahora los segundos están intensamente y solemnemente acentuados, y cada uno, al brotar del péndulo, dice: “¡Soy la Vida, la insoportable, la implacable Vida!”
   No hay más que un Segundo en la vida humana que tenga por misión anunciar una buena noticia, la buena noticia que causa en todos un miedo inexplicable. 
   ¡Sí! El Tiempo reina; ha retomado su dictadura brutal. Y me empuja, como si fuera un buey, con su doble aguijón. “Y ¡Arre borrico! ¡Suda pues, esclavo! ¡Vive pues, condenado!”.


(1) Se refierne a Rene de Chateubriand, que dio el nombre de Silfide a una mujer ideal forjada para su imaginación en alguna de sus obras

(2) Preparación compuesta de vino blanco, opio, azafran y otras sustancias, o simplemente extracto de opio, usado como medicina o simplemente como estupefaciente.




Charles Baudelaire

miércoles, agosto 03, 2016

Correspondencias - Charles Baudelaire



CORRESPONDENCIAS

La natura es un templo donde vivos pilares
dejan salir a veces sus confusas palabras;
por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos
que lo observan atentos con familiar mirada.

Como muy largos ecos de lejos confundidos
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche, como la claridad,
perfumes y colores y sones se responden.

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
dulces como el oboe, verdes como praderas,
y hay otros corrompidos, ricos y triunfantes,

que la expansión poseen de cosas infinitas,
como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso,
que cantan los transportes del alma y los sentidos.


       Charles Baudelaire