Los Doce Trabajos de Hércules
Matar al León de Nemea
Según la leyenda Hércules fue un hijo bastardo de Zeus, lo que provocó que su mujer Hera enloqueciera, induciendo a Hércules a acabar con la vida de sus propios hijos y dos de sus sobrinos. Al recuperar la consciencia, y tomar razón de lo que había hecho, al no poder soportar la pena se marchó a vivir en soledad a una tierra inhóspita. Tiempo después, su hermano, Ificles, le convenció para que fuese a consultar al su destino al Oráculo de Delfos. En él, la sibila le informó que, como penitencia por su terrible acción, debería de llevar a cabo doce trabajos (en un principio sólo se le había ordenado realizar 10, pero como contó con la ayuda de su sobrino Yolao, se le añadieron dos más); estos, serían dispuestos por Euristeo, que resultaba ser la persona más odiada por Hércules, ya que le había usurpado el derecho al trono que le pertenecía.
El León de Nemea
Hace mucho tiempo, en la región de Nemea, en Grecia, vivía un terrible león que parecía invencible y que tenía atemorizados a todos los habitantes. Unos decían que tal monstruo era hijo de Tifón, el dios de los huracanes, y de la ninfa Equidna; otros, que había caído de la luna.
Lo
cierto es que, fuera cual fuera su procedencia, este temible león era
prácticamente indestructible. Su piel era tan dura que
ningún arma podía atravesarla. Su rugido helaba la sangre del más valiente.
Pero
por entonces un hombre, mitad dios, mitad humano, Hércules, poseía una enorme fuerza y gran inteligencia. Decidió
liberar a todos los habitantes de esta pesadilla y destruir al león. Para ello, se hizo con tres armas: un arco y sus flechas, un
garrote que él mismo talló con la madera de un olivo que arrancó de la tierra y
una espada de bronce.
Pero
ninguna de estas armas consiguió matar al monstruo. Las flechas no podían atravesar su piel. Y el garrote,
apenas le hacía nada. La espada tampoco era capaz de atravesar el cuerpo del
león.
Desesperado,
y después de una larga lucha, a Hércules se le ocurrió una idea: golpeó al león
para que retrocediera y entrara en su guarida. Hércules se había dado cuenta de
que tenía dos entradas, así que se dio prisa en taponar una de ellas. Corrió al
otro lado y así pudo acorralar al animal.
Sin
armas, solo con sus fuertes manos, consiguió
estrangularlo. Y como el león tenía esa piel tan fuerte e impenetrable,
Hércules pensó que podía usarla como armadura, pero por más que lo intentaba,
no conseguía cortarla.
Entonces
llegó junto a él la diosa Atenea, disfrazada de bruja, y le dijo:
–
La única manera de cortar la piel del león de Nemea es usando sus propias
garras.
Hércules
le cortó una pata al león y usó sus garras para hacerse con la piel. Con
ella se hizo la
armadura que
le protegió en todas sus batallas. Y sobre la cabeza, llevaba a modo de yelmo,
la cabeza del león.
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