Montaña y Arbol

Poesía, Cuentos, Arte y Literatura

jueves, mayo 28, 2015

"El Ala Del Cuervo" - Rubén Darío





EL ALA DEL CUERVO



A Pedro Ortiz



                  I

—Ea, apretad esas cinchas
y apercibid los overos;
y que ya tasquen los potros
el bocado de los frenos.
Preparad las jabalinas,
poned trailla a los perros;
sonad las trompas de caza
y azores llevad dispuestos.
¿Ya estáis listos? Pues aprisa,
vamos al bosque siniestro—.


                  II

Quien tal dice es un altivo,
noble y alto caballero
que, con sus alrededores,
tiene la comarca en feudo.
Es don Pedro de Almendares,
el infanzón altanero
a quien, por lo valeroso,
ninguno venció en el duelo.
El que ha astillado sus lanzas
en las justas y torneos,
siempre sereno y triunfante
sin temores ni recelos.


                  III

Es Violante una doncella,
con unos ojos muy negros,
con unos oscuros rizos
que cuando le caen sueltos
por la garganta blanquísima,
por la espalda y por el seno,
fingen en fondo de mármol
mallas finísimas de ébano.
Don Pedro adora a Violante
y Violante ama a don Pedro;
y ambos gozan en deliquios
de ardorosos embelesos.


                  IV

Pero Violante la hermosa
se enciende en llamas de celos
sin que nada de sus ansias
pueda aminorar el fuego.
La linda Violante busca
para sus males remedio,
y a nigromante interroga
contándole sus secretos.
El nigromante medita;
y luego, fruncido el ceño,
busca en yerbas misteriosas
filtros; y ve los luceros;
y en cabalísticos signos
quiere hallar el verdadero
modo de que sus retortas
puedan curar aquel pecho.
Por fin, después de lograr
descifrar aquel misterio,
y ya encontrada la clave
del enigma, dijo luego
a Violante: —Que el que os ama
os traiga el ala de un cuervo;
y con el oscuro copo
del suave plumaje negro,
podréis curar la dolencia
llevándole junto al pecho—.


                  V

Por eso va en su corcel
el valeroso don Pedro,
y con sus gentes al bosque
con jaurías y pertrechos.
Ése es el bosque maldito,
ése es el bosque siniestro,
del que mil supersticiones
andan en boca del pueblo.
Con temor van caminando
ojeadores y monteros,
que a ese bosque nunca llegan
porque les ataja el miedo.
—Don Pedro, el bosque es terrible—.
Don Pedro se ríe de eso;
que no teme ese hijodalgo
ni a los vivos ni a los muertos.
—Ese bosque está maldito—.
—No importa —dice don Pedro.
Y siguen andando, andando,
y ya están del bosque dentro;
y ya los toques de caza
repiten sonoros cuernos
y van los genios del aire
desparramando los ecos.
Don Pedro no busca fieras
ni sigue la pista a ciervos,
ni a cerdosos jabalíes:
él busca un nido de cuervos.


                  VI

Iba la noche empezando;
el día iba oscureciendo;
cuando en un árbol robusto
medio destroncado y seco,
graznó un cuervo enorme echado
en unos grietosos huecos;
sus ojos fosforecentes,
su corvo pico entreabierto.


                  VII

Don Pedro fuese hacia él
afanoso ya y contento;
puso en comba un arco entonces,
y disparó. . . cuando el cuervo
como una flecha veloz
voló donde el caballero;
hincó en los hombros robustos
sus largas uñas de acero,
y con picotazos rápidos
le sacó los ojos negros. ..
Don Pedro dio un hondo grito,
mas mató el pájaro; y luego
le sacaron aterrados
servidores y pecheros
de aquel lugar tenebroso,
de en medio el bosque siniestro.
Fue al castillo de Violante
con un ala entre sus dedos,
del pájaro, y a la hermosa
le dijo: —Mira, estoy ciego;
por ti he perdido mis ojos
ángel de mis dulces sueños. ..
yo llegué al bosque maldito
y me castigó el infierno—.


                  VIII

La niña miróle entonces
y le dijo: —Buen mancebo,
yo ya no puedo quererte:
primero, porque eres ciego;
y después porque el de Alcántara,
noble señor extranjero,
pidió a mi padre mi mano
y nos casamos hoy mesmo—.
Dio un grito de horror terrible
y tornado loco, el ciego,
en carrera desatada
fue tropezando y cayendo
por los bosques; y apretando
contra el dolorido pecho,
entre los puños crispados
la espantosa ala del cuervo.







 Rubén Darío
2 de junio de 1885

miércoles, mayo 06, 2015

"Yo persigo una forma..." - Rubén Darío



Yo persigo una forma...


Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.

Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;

y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.



Rubén Darío

domingo, abril 12, 2015

Soneto C - William Shakespeare


C


Oh musa, ¿dónde estás que has olvidado
Celebrar la fuente de tus fuerzas?
¿Dilapidas tu ingenio en vil asunto,
Alumbrando bajezas te oscureces?
Redime presurosa, en versos nobles,
Esas horas, oh musa, que perdiste;
Canta a quien estima tus canciones
Y a tu pluma inspira arte y argumento.
Observa, musa, el rostro del amado,
Y si el Tiempo de arrugas lo surcara
Al Tiempo satiriza, y sus estragos
Haz blanco de tus burlas desdeñosas.

Más alada que el Tiempo sea la fama,
Rescatando a mi amor del corvo acero.


William Shakespeare

martes, marzo 10, 2015

"Abril Florecía" - Antonio Machado



Abril florecía 



Abril florecía 
frente a mi ventana. 
Entre los jazmines 
y las rosas blancas 
de un balcón florido, 
vi las dos hermanas. 
La menor cosía, 
la mayor hilaba ... 
Entre los jazmines 
y las rosas blancas, 
la más pequeñita, 
risueña y rosada 
¿su aguja en el aire?, 
miró a mi ventana. 


La mayor seguía 
silenciosa y pálida, 
el huso en su rueca 
que el lino enroscaba. 
Abril florecía 
frente a mi ventana. 


Una clara tarde 
la mayor lloraba, 
entre los jazmines 
y las rosas blancas, 
y ante el blanco lino 
que en su rueca hilaba. 
¿Qué tienes? ¿le dije? 
¿silenciosa pálida? 
Señaló el vestido 
que empezó la hermana. 
En la negra túnica 
la aguja brillaba; 
sobre el velo blanco, 
el dedal de plata. 
Señaló a la tarde 
de abril que soñaba, 
mientras que se oía 
tañer de campanas. 
Y en la clara tarde 
me enseñó sus lágrimas... 
Abril florecía 
frente a mi ventana. 


Fue otro abril alegre 
y otra tarde plácida. 
El balcón florido 
solitario estaba... 
Ni la pequeñita 
risueña y rosada, 
ni la hermana triste, 
silenciosa y pálida, 
ni la negra túnica, 
ni la toca blanca... 
Tan sólo en el huso 
el lino giraba 
por mano invisible, 
y en la oscura sala 
la luna del limpio 
espejo brillaba... 
Entre los jazmines 
y las rosas blancas 
del balcón florido, 
me miré en la clara 
luna del espejo 
que lejos soñaba... 
Abril florecía 
frente a mi ventana.




Antonio Machado Ruiz
(26.VII.1875 - 22.II.1939)

miércoles, febrero 11, 2015

"Los Heraldos Negros" - Cesár Vallejo





LOS HERALDOS NEGROS


Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé.

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé!




Cesár Vallejo 
(Perú 1892-Francia 1938)

miércoles, enero 28, 2015

"Lo Fatal" - Rubén Darío



LO FATAL



A René Pérez.


Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, 
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos, 
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, 
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos...!

miércoles, enero 21, 2015

"Altazor" Vicente Huidobro - Canto VII


CANTO VII


Al aia aia
ia ia ia aia ui
Tralalí
Lali lalá 5
Aruaru
         urulario
Lalilá
Rimbibolam lam lam
Uiaya zollonario
                         lalilá 10
Monlutrella monluztrella
                                       lalolú 
Montresol y mandotrina
Ai ai
          Montesur en lasurido 15
          Montesol
Lusponsedo solinario
Aururaro ulisamento lalilá
Ylarca murllonía
Hormajauma marijauda 20
Mitradente
Mitrapausa
Mitralonga
Matrisola
                   matriola 25
Olamina olasica lalilá
Isonauta
Olandera uruaro
Ia ia campanuso compasedo 30
Tralalá
Aí ai mareciente y eternauta
Redontella tallerendo lucenario
Ia ia
Laribamba
Larimbambamplanerella 35
Laribambamositerella
Leiramombaririlanla
                                lirilam
Ai i a
Temporía 40
Ai ai aia
Ululayu
            lulayu
                      layu yu
Ululayu 45
            ulayu
                     ayu yu
Lunatando
Sensorida e infimento
Ululayo ululamento 50
Plegasuena
Cantasorio ululaciente
Oraneva yu yu yo
Tempovío
Infilero e infinauta zurrosía 55
Jaurinario ururayú
Montañendo oraranía
Arorasía ululacente
Semperiva
                    ivarisa tarirá 60
Campanudio lalalí
                             Auriciento auronida
Lalalí
          Io ia
iiio 65
Ai a i a a i i i i o ia