Montaña y Arbol

Poesía, Cuentos, Arte y Literatura

jueves, julio 30, 2015

Soneto XVIII - William Shakespeare








Sonnet XVIII

Shall I compare thee to a summer's day?
Thou art more lovely and more temperate:
Rough winds do shake the darling buds of May,
And summer's lease hath all too short a date:
Sometime too hot the eye of heaven shines,
And often is his gold complexion dimmed,
And every fair from fair sometime declines,
By chance, or nature's changing course untrimmed:
But thy eternal summer shall not fade,
Nor lose possession of that fair thou ow'st,
Nor shall death brag thou wander'st in his shade,
When in eternal lines to time thou grow'st,
So long as men can breathe, or eyes can see,
So long lives this, and this gives life to thee.







Soneto 18

¿Te comparo a un día de verano?
Vos sos más temperado y placentero.
El viento bate el capullito enano
y el verano se pasa muy ligero.
A veces quema el sol con su destello,
otras, sus rayos tórridos se opacan
lo bello cede a veces de lo bello
suerte o naturaleza los atacan.
Pero el verano tuyo no se amengua
ni perderás tampoco lo que es tuyo
ni la Muerte usará su engreída lengua
si con versos eternos te construyo.

Mientras los hombres respiren y ojos lean
vas a vivir en esos que me lean.






William Shakespeare, 1564-1616
Traducción de Miguel Angel Montezanti



viernes, julio 03, 2015

Odas de Publicación Póstuma - (1935-1994) Fernando Pessoa



5


El dios Pan no ha muerto
Cada campo que muestra
a las sonrisas de Apolo
los pechos desnudos de Ceres
--- pronto o tarde veréis
por allí aparecer
al dios Pan, el inmortal.

No ha matado a otros dioses
el triste dios cristiano.
Cristo es un dios más,
quizá uno que faltaba.

Pan continúa dando
los sones de su flauta
a los oídos de Ceres
recostada en los campos.

Los dioses son los mismos
siempre claros y calmos,
llenos de eternidad
y de desprecio por nosotros,
trayendo el día y la noche
y las cosechas doradas,
no para darnos
el día y la noche y el trigo
sino por otro y divino
propósito casual.



Fernando Pessoa
Odas de Publicación Póstuma - (1935-1994)

martes, junio 30, 2015

Oda XX - Fernando Pessoa





 XX



Cuidas, intransitable, que cumples, apretando
tus infecundos, trabajosos días
      en haces de yerta leña,
      sin ilusión la vida.
Tu leña es tan sólo el peso que llevas
A donde no hay fuego que te caliente.
      Ni sufren peso a hombros
      las sombras que seremos.
Para holgarte no huelgas; y, si legas,
mejor lega el ejemplo que riquezas,
      de cómo la vida basta
      corta, tampoco dura.
Poco usamos lo poco que tenemos.
La obra cansa, el oro no es nuestro.
      De nosotros la misma fama
      Se ríe, que no la veremos
cuando, acabados por las Parcas, seamos
bultos solemnes, de repente antiguos,
      y cada vez más sombras,
      al encuentro fatal –
el barco oscuro en el soturno río,
y los nueve abrazos de la frialdad estigia
      y el regazo insaciable
     de la patria de Plutón.




Libro I de las Odas - 1924
Revista Athena

jueves, mayo 28, 2015

"El Ala Del Cuervo" - Rubén Darío





EL ALA DEL CUERVO



A Pedro Ortiz



                  I

—Ea, apretad esas cinchas
y apercibid los overos;
y que ya tasquen los potros
el bocado de los frenos.
Preparad las jabalinas,
poned trailla a los perros;
sonad las trompas de caza
y azores llevad dispuestos.
¿Ya estáis listos? Pues aprisa,
vamos al bosque siniestro—.


                  II

Quien tal dice es un altivo,
noble y alto caballero
que, con sus alrededores,
tiene la comarca en feudo.
Es don Pedro de Almendares,
el infanzón altanero
a quien, por lo valeroso,
ninguno venció en el duelo.
El que ha astillado sus lanzas
en las justas y torneos,
siempre sereno y triunfante
sin temores ni recelos.


                  III

Es Violante una doncella,
con unos ojos muy negros,
con unos oscuros rizos
que cuando le caen sueltos
por la garganta blanquísima,
por la espalda y por el seno,
fingen en fondo de mármol
mallas finísimas de ébano.
Don Pedro adora a Violante
y Violante ama a don Pedro;
y ambos gozan en deliquios
de ardorosos embelesos.


                  IV

Pero Violante la hermosa
se enciende en llamas de celos
sin que nada de sus ansias
pueda aminorar el fuego.
La linda Violante busca
para sus males remedio,
y a nigromante interroga
contándole sus secretos.
El nigromante medita;
y luego, fruncido el ceño,
busca en yerbas misteriosas
filtros; y ve los luceros;
y en cabalísticos signos
quiere hallar el verdadero
modo de que sus retortas
puedan curar aquel pecho.
Por fin, después de lograr
descifrar aquel misterio,
y ya encontrada la clave
del enigma, dijo luego
a Violante: —Que el que os ama
os traiga el ala de un cuervo;
y con el oscuro copo
del suave plumaje negro,
podréis curar la dolencia
llevándole junto al pecho—.


                  V

Por eso va en su corcel
el valeroso don Pedro,
y con sus gentes al bosque
con jaurías y pertrechos.
Ése es el bosque maldito,
ése es el bosque siniestro,
del que mil supersticiones
andan en boca del pueblo.
Con temor van caminando
ojeadores y monteros,
que a ese bosque nunca llegan
porque les ataja el miedo.
—Don Pedro, el bosque es terrible—.
Don Pedro se ríe de eso;
que no teme ese hijodalgo
ni a los vivos ni a los muertos.
—Ese bosque está maldito—.
—No importa —dice don Pedro.
Y siguen andando, andando,
y ya están del bosque dentro;
y ya los toques de caza
repiten sonoros cuernos
y van los genios del aire
desparramando los ecos.
Don Pedro no busca fieras
ni sigue la pista a ciervos,
ni a cerdosos jabalíes:
él busca un nido de cuervos.


                  VI

Iba la noche empezando;
el día iba oscureciendo;
cuando en un árbol robusto
medio destroncado y seco,
graznó un cuervo enorme echado
en unos grietosos huecos;
sus ojos fosforecentes,
su corvo pico entreabierto.


                  VII

Don Pedro fuese hacia él
afanoso ya y contento;
puso en comba un arco entonces,
y disparó. . . cuando el cuervo
como una flecha veloz
voló donde el caballero;
hincó en los hombros robustos
sus largas uñas de acero,
y con picotazos rápidos
le sacó los ojos negros. ..
Don Pedro dio un hondo grito,
mas mató el pájaro; y luego
le sacaron aterrados
servidores y pecheros
de aquel lugar tenebroso,
de en medio el bosque siniestro.
Fue al castillo de Violante
con un ala entre sus dedos,
del pájaro, y a la hermosa
le dijo: —Mira, estoy ciego;
por ti he perdido mis ojos
ángel de mis dulces sueños. ..
yo llegué al bosque maldito
y me castigó el infierno—.


                  VIII

La niña miróle entonces
y le dijo: —Buen mancebo,
yo ya no puedo quererte:
primero, porque eres ciego;
y después porque el de Alcántara,
noble señor extranjero,
pidió a mi padre mi mano
y nos casamos hoy mesmo—.
Dio un grito de horror terrible
y tornado loco, el ciego,
en carrera desatada
fue tropezando y cayendo
por los bosques; y apretando
contra el dolorido pecho,
entre los puños crispados
la espantosa ala del cuervo.







 Rubén Darío
2 de junio de 1885

miércoles, mayo 06, 2015

"Yo persigo una forma..." - Rubén Darío



Yo persigo una forma...


Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.

Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;

y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.



Rubén Darío

domingo, abril 12, 2015

Soneto C - William Shakespeare


C


Oh musa, ¿dónde estás que has olvidado
Celebrar la fuente de tus fuerzas?
¿Dilapidas tu ingenio en vil asunto,
Alumbrando bajezas te oscureces?
Redime presurosa, en versos nobles,
Esas horas, oh musa, que perdiste;
Canta a quien estima tus canciones
Y a tu pluma inspira arte y argumento.
Observa, musa, el rostro del amado,
Y si el Tiempo de arrugas lo surcara
Al Tiempo satiriza, y sus estragos
Haz blanco de tus burlas desdeñosas.

Más alada que el Tiempo sea la fama,
Rescatando a mi amor del corvo acero.


William Shakespeare

martes, marzo 10, 2015

"Abril Florecía" - Antonio Machado



Abril florecía 



Abril florecía 
frente a mi ventana. 
Entre los jazmines 
y las rosas blancas 
de un balcón florido, 
vi las dos hermanas. 
La menor cosía, 
la mayor hilaba ... 
Entre los jazmines 
y las rosas blancas, 
la más pequeñita, 
risueña y rosada 
¿su aguja en el aire?, 
miró a mi ventana. 


La mayor seguía 
silenciosa y pálida, 
el huso en su rueca 
que el lino enroscaba. 
Abril florecía 
frente a mi ventana. 


Una clara tarde 
la mayor lloraba, 
entre los jazmines 
y las rosas blancas, 
y ante el blanco lino 
que en su rueca hilaba. 
¿Qué tienes? ¿le dije? 
¿silenciosa pálida? 
Señaló el vestido 
que empezó la hermana. 
En la negra túnica 
la aguja brillaba; 
sobre el velo blanco, 
el dedal de plata. 
Señaló a la tarde 
de abril que soñaba, 
mientras que se oía 
tañer de campanas. 
Y en la clara tarde 
me enseñó sus lágrimas... 
Abril florecía 
frente a mi ventana. 


Fue otro abril alegre 
y otra tarde plácida. 
El balcón florido 
solitario estaba... 
Ni la pequeñita 
risueña y rosada, 
ni la hermana triste, 
silenciosa y pálida, 
ni la negra túnica, 
ni la toca blanca... 
Tan sólo en el huso 
el lino giraba 
por mano invisible, 
y en la oscura sala 
la luna del limpio 
espejo brillaba... 
Entre los jazmines 
y las rosas blancas 
del balcón florido, 
me miré en la clara 
luna del espejo 
que lejos soñaba... 
Abril florecía 
frente a mi ventana.




Antonio Machado Ruiz
(26.VII.1875 - 22.II.1939)