Montaña y Arbol

Poesía, Cuentos, Arte y Literatura

jueves, mayo 07, 2009

"El Cementerio Marino" Paul Valery


El Cementerio Marino


Paul Valery
No desees, alma mía, vida inmortal. Goza, mejor. de la que tienes.
PÍNDARO, Piticas, III



Techo tranquilo, paso de palomas,
palpitando entre pinos y entre tumbas.
Prende en él, Mediodía justo, en fuegos
el mar, el mar sin pausa renovándose.
¡Recompensa después de un pensamiento:
poder mirar la calma de los dioses!
¡Qué eclosión de relámpagos consume
tantos diamantes de indivisible espuma
y qué paz aparente se concibe!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
labores puras de una eterna causa,
el Tiempo es centelleo y ciencia el Sueño.
Terco tesoro, templo de Minerva,
masa de calma y provisión visible,
agua parpadeante, Ojo que guardas,
bajo un cendal de llama, tanto sueño:
¡mi silencio!... En el alma, casa alzada,
mas colmo de oro con mil tejas, Techo .
Templo del Tiempo que un suspiro asume,
subo al ámbito puro y me acostumbro,
ceñido todo de mirar marino;
y, tal mi ofrenda máxima a los dioses,
el serenado centelleo siembra,
en lo sumo, un desprecio soberano.
Como la fruta en goce se deshace
y su ausencia en delicia permanece
mientras su forma expira en una boca,
yo husmeo aquí mi próxima humareda,
y el ciclo canta al alma consumida
el cambio, entre el rumor de las riberas.
¡Mira como yo cambio, hermoso cielo!
Después de tanto orgullo y tan extraña
pereza, tan repleta de potencia,
a este espacio brillante me abandono;
sobre losas de muertos va mi sombra
que a su lábil moverse me acostumbra!
Expuesta el alma a antorchas del solsticio
te hago frente, ¡oh clarísima justicia
de la luz, la de armas implacables!
A tu origen, y pura, te devuelvo.
¡Mírate bien! Pues devolver la luz
supone una mitad triste de sombra.
Para mí, sólo en mí, y en lo que soy,
en la sangre, en las fuentes del poema,
entre el vacio y el suceso puro,
de mi grandeza interna el eco espero.
Cisterna amarga, oscura y resonante,
rafiendo en mí, futuro siempre, un hueco.
¿Sabrás, falso cautivo de las frondas,
golfo mordiente de estas verjas frágiles,
secreto claro de mis ciegos ojos,
qué cuerpo a lento fin me va arrastrando,
qué frente a tierra ósea le induce?
Piensa aquí, una centella, en mis ausentes.
Clauso, sagrado, ardiendo sin materia,
trozo terrestre que a la luz se ofrece,
me place este lugar, sus teas múltiples,
su piedra y oro, sus sombrosos árboles ,
tanto mármol temblando entre estas sombras.
Fiel, la mar, duerme aquí sobre mis tumbas.
¡Perra espléndida, ahuyéntarne al idólatra!
¡Y si, tal un pastor, sonriente y solo,
misteriosos carneros apaciento,
albo rebaño de mis quietas tumbas,
aléjame las pávidas palomas,
los sueños vacuos, los curiosos ángeles!
Llegado aquí, pereza es el futuro.
Rasca la sequedad, neto, el insecto.
Todo ardió, se deshizo, fue a los aires,
a yo no sé qué esencia rigurosa...
Vasta es la vida, y ebria va de ausencia,
y la amargura es dulce, y claro el ánimo.
A ocultos muertos trata bien la tierra,
que los calienta y seca de misterio.
Allá arriba, absoluto, el mediodía,
en sí se piensa y en sí mismo acaba...
Testa completa y magistral diadema,
en ti soy yo transmutación recóndita.
¡Sólo yo puedo apaciguar tus ansias!
¡Mis dudas, quiebros, y arrepentimientos
son el defecto de tu gran diamante...!
¡Pero, en su noche de pesante mármol,
incierto pueblo, entre raíces de árboles,
se decidió, despacio, por tu causa!
¡Ya se han fundido en una espesa ausencia!
¡Roja arcilla abrevó en la blanca especie,
la gracia de vivir pasó a las flores!
¿Del muerto dónde están frases domésticas,
el arte personal, las almas únicas?
Donde brotaba el llanto, hoy larvas hilan.
Agudos gritos de jocundas jóvenes,
los dientes, la mirada, húmedos párpados,
Seno atrayente que amago con fuego,
Sangre brillante en labios que se rinden,
Dones últimos, dedos que los celan:
¡Todo a la tierra va, y entra en el juego!
y tú , gran alma , ¿esperarás un sueño
que no sea mentira de oro y olas,
como aquí muestra la onda al carnal ojo?
¿Cantarás cuando seas vapor leve?
¡Todo, huir! ¡También yo seré absorbido
y anulada será sacra impaciencia!
¡Hueca inmortalidad, negra y dorada;
consoladora del laurel pomposo,
que en seno maternal truecas la muerte:
¡oh bello engaño!, y ¡oh piadosa astucia!
¿Quién no conoce y quién no ha repudiado
esa risa indeleble en cráneo mondo?
Padres profundos, testas no habitadas,
que , obedeciendo a la piqueta, sois
tierra que va engañando nuestros pasos:
el roedor gusano irrefutable
no os concierne a vosotros , enterrados;
en mí su vida vive, y no me deja.
¿Amor, tal vez, u odio de mí mismo?
Su oculto diente está de mí tan próximo
que convenirle puede cualquier nombre.
¡Qué importa! ¡Quiere, ve, palpa, y ensueña!
¡Mi carne le gustó desde mi cuna,
esclavo vivo soy de ese viviente!
¡Zenón, cruel Zenón, Zenón de Elea!
¡Me atravesaste con tu flecha alada
que vibra, vuela, pero nunca vuela!
¡Me engendra el son y mátame la flecha!
¡Ah, el sol, el sol! ¡Qué sombra de tortuga
para el alma, si huyente Aquiles, quieto!
¡No, no! ¡De pie! ¡En la era sucesiva!
¡Rompa mi cuerpo esta pensante forma!
¡Beba mi entraña este naciente viento!
En la frescura que del mar se exhala,
mi alma torna... ¡Oh salífera potencia!
¡Correr al mar y renovar la vida!
¡Oh sí, gran mar, dotado de delirios,
piel de pantera y clámide horadada
por los mil y mil ídolos solares;
hidra absoluta, ebria de azul carne,
mordiendo siempre tu esplendente cola
en convulsión que llega a ser silencio!
¡Se eleva el viento! ¡Hay que intentar vivir!
Abre y cierra mi libro el aire unánime,
pulverizadas olas baten rocas.
¡Volad, paginas mías, deslumbradas!
¡Romped, olas! ¡Romped, con agua alegre,
El techo en paz que foques picotean!

viernes, marzo 20, 2009

Trilogia de la busqueda del mundo interior


Miguel Serrano

“En la espera de los hielos eternos”


Hablar de Miguel Serrano, es sinónimo de literatura chilena, pero inevitablemente su nombre evoca, además, su polémica figura.

Sus esporádicas declaraciones a favor del régimen nazi y la figura de Adolf Hitler, ciernen sobre él, una gran cantidad de detractores de su obra. La que ha sido traducida en muchas lenguas, incluyendo estas, el chino, el persa, el hindú, el farsi y el japonés.

Miguel Serrano Fernández (1917), nacido de una acomodada familia santiaguina, cuenta entre sus parientes cercanos a una santa y al mismísimo Vicente Huidobro. Sus primeros recuerdos, se remontan a sus años de colegio. En esos entonces, jugaba como arquero del Barros Arana, pero entre sus aficiones, también se contaba el gusto por la lectura.

De esos años de curiosidad escolar, datan sus primeros acercamientos a las filosofías y religiones orientales, a la alquimia y la mitología. Entre sus primeras lecturas, también figuran sus primeros acercamientos a la poesía, con Rilke, William Blake y Hölderlin. De estos temas y otros da testimonio, el ya octogenario escritor chileno en su autobiografía titulada “Memorias de EL y Yo”.

Diplomático de carrera, este chileno se intereso tempranamente por las letras y por el cuento como genero, estilo con el cual alcanzo su primer hito literario en 1938, al publicar la “Antología del Verdadero Cuento Chileno”. Publicación, que causo revuelo en la actividad literaria de la época y que desde su titulo, gatillaba al debate.

“Alone desde su programa radial y Salvador Reyes, de la revista Hoy, tuvieron encontradas opiniones al respecto. Y era lógico que fuese así; éramos un grupo de jóvenes audaces, con un estilo nuevo y con grandes ganas de imponer la imaginación y la parte onírica al realismo”.


El texto, que originalmente fue publicado con el aporte monetario de una abuela de Serrano, cuenta con la colaboración de connotadas figuras, que en la posteridad, alcanzarían renombre propio. Entre ellos se destacan Braulio Arenas, Eduardo Anguita, Teófilo Cid, Juan Emar, Carlos Droguett y el mismísimo Serrano, con su cuento, “Hasta que llegue la luz”. Jóvenes que circulaban por la bohemia literaria, con la cabeza llena de historias y el corazón repleto de sueños.

De esa misma época datan los encuentros en el restaurante “Miss Universo” de la calle San Diego y la interminables caminatas por la calle Lira, junto a su inseparable amigo Héctor Barreto, cuentista también antologado en la publicación del ¨38 y muerto en una trágica reyerta, entre nazis y socialistas, partido en que militaba Barreto y por el que murió en las calles de la capital.

Bastante al margen, de lo que después se conocería como la generación del ‘38, Serrano se vinculara con todos los intelectuales de la época, acercándose a sus círculos, pero también, no ligándose a ninguno de ellos. Entre amigos personales del autor, es posible nombrar también a Pablo Neruda, Gonzalo Rojas y Nehru e Indira Gandhi, con la que se le atribuye un ligero romance.

Posterior a una serie de colaboraciones en distintas publicaciones, entre las que destacan la revista “Atenea”, la revista “Occidente” en Chile y a la escritura de la “Trilogía de la búsqueda del mundo exterior”, libro clave escrito después de sus viajes al territorio Antártico, Serrano, continuara su carrera diplomática con siete años en la India, tres en Yugoslavia, desempeñándose en el mismo cargo, hasta la década del 70 en Austria.

De esos mismos años de peregrinaje por el mundo, Miguel Serrano, seguirá en su senda literaria. Inscrito en lo que será conocida como la generación del ‘38. Serrano, en sus andanzas literarias conseguirá, conocer a Herman Hesse, quien le obsequiaría el cuento “Las Metamorfosis de Piktor”. Logrando también, en una entrevista con el Doctor Carl Gustav Jung, que este prologue su libro titulado “Las Visitas de la Reina de Saba”. Entrevistas a la que se referirá, en más extenso en “El circulo hermético”.

Dividiendo la obra de Serrano, en lo que el mismo señala, como “literatura no combativa y combativa”, habría que traer a colación, libros tan controvertidos como “MANU” y “La reencarnación del Héroe; el ultimo avatara”, textos que sin lugar a dudas, escapan a toda lógica, pero que responden a una simbología arcana, que a través de intrincados caminos y en definitiva, Serrano trata de traspolar, en la realidad de nuestro territorio.

Temas como el amor mágico, tratado en el “El-Ella”; la serpiente que muerde su cola en eterno girar del Ouroborus, su relación con el Kundalini y la correspondencia con la Cordillera de los Andes; la serpiente del paraíso y el árbol del conocimiento y una serie de relaciones surrealistas, pueblan la delirante literatura de este chileno, que en un inteligente uso de el cuento, evoca e interpreta la mitología de diversas culturas.

Hoy por hoy, Serrano guarda silencio, en su atalaya de Valparaíso, se dice veterano y perdedor de la gran guerra. Sus mundos, se siguen yuxtaponiendo y se impregnan unos a otros. Y él, se alza como un viejo estandarte, de una época que ya parece desaparecer, una época en que los escritores no le temían a la polémica y que muchos de ellos, no hacían más que de ella un ejercicio intelectual sin temor.

Rafael Martel.-

sábado, marzo 07, 2009

(UBI BENE, IBI PATRIA) (En donde me encuentro bien, está la patria)


Samadhi para Don Miguel Serrano

En esta patria, de insignes hombres ha fallecido uno de sus hijos más preclaros. Don Miguel Serrano, intelectual de nota se nos ha ido en silencio sin fanfarria, sumido en el sentimiento patriótico y en el éxtasis de una senectud ennoblecida por una trayectoria lírica intachable, no tuvo el reconocimiento publico que se merecía, para él no hubo ni habrá días oficiales de duelo ni visitas de altisonantes de autoridades, y esa circunstancia feliz  habla de Don Miguel Serrano a las claras: Se mantuvo de veras fiel a la causa de los invictos, sin retorcimientos, no fue un hereje con la patria, muy por el contrario se persigno tantas veces frente a ella, le rindió honores, la amo como ninguno, caballero leal, no un oportunista de pacotilla ni un vende patria de esos proliferando a costillas del erario de todos los chilenos. Don Miguel Serrano fue un hombre de letras. Mítico y místico, supo adoctrinarse, acepto con valentía el más difícil de los credos. No se achuncho, le echó pa’adelante como dice el hombre de campo, vibró con el ideario, no buscó el camino infame de los advenedizos de la pasarela cultural progresista, se atrinchero en el patriotismo y en el saludo verdadero a la bandera, no se guardó nada bajo la manga. Su fidelidad a los mártires del Seguro Obrero cautivó a los iluminados.

     No fue un Neruda parasito del partido, no fue un Volodia metiendo  en el proletariado en un forro del porte de un buque, no fue un poeta destruido por el nihilismo, no se pudrió en la cuchufleta, ni busco a manos llenas el Premio Nacional de Literatura como muchos que se tienen el tupé de negarlo, empero desearlo con saña y lobby. Don Miguel Serrano fue un entusiasta de la palabra mágica: Chakra, Kailás, Lingam, Kaula, Kapalika… sonidos extraños para nosotros… Para Don Miguel, vocabulario íntimo, dado a conocer en la ciudad de las bodas eternas. Pero no nos engañemos: Chiloé, Huillinco, Cucao, Chonchi, son pueblos legendarios en la prosa vaticinadora de don Miguel.

     El poeta perdió al Dios católico en el internado Barros Arana pero descubrió con jolgorio  la Atlántida: allí encontró todo reunido: animal, hombre, piedra, mujer, árbol.     

     Concluyo, estas modestas palabras de homenaje a Don Miguel Serrano citando unas luminosas de él: Si hay una raza en el futuro, ella deberá ser la de los titanes, resurgidos del seno de los montes albos, al espacio abierto, para continuar una historia que antaño no terminaron: la vida triunfante del hombre dio sobre la tierra.

 

 

BRUNO VIDAL

Poeta  

martes, marzo 03, 2009

"MI HONOR ES MI LEALTAD" ("Meine Ehre ist meine Loyalität") IN MEMORIAN DE MIGUEL SERRANO


Música marcial y homenajes despidieron a Miguel Serrano

 "El hitlerismo esotérico del escritor, no perjudicó en nada su obra literaria", comenta Armando Uribe. "Fue original, curioso y muy diferente", complementa José Miguel Varas.

 M. SALLATO / V. MANDUJANO

 

Con una iglesia San Pedro repleta, en Santiago centro, ayer en la mañana se inició la ceremonia religiosa para el escritor y ex diplomático Miguel Serrano, quién falleció el sábado a causa de un derrame cerebral. Allí, dos de sus hijos -Carmen y José Miguel-, y uno de sus nietos, el cineasta Sebastián Araya ("Azul y Blanco") recordaron el legado que el intelectual desplegó en Chile y en su paso por India, Austria y Yugoslavia, donde fue embajador.

Conocido por su adhesión al nacionalsocialismo tras el impacto que generó en él la Matanza del Seguro Obrero en 1938 -cuando en el Gobierno de Arturo Alessandri se asesinó a 60 jóvenes nazis- Serrano cultivó una obra literaria contundente que quedó replegada a segundo plano por su radical posición política.

 Congregó a la importante generación del 38 cuando a través de la "Antología del verdadero cuento en Chile", dió a conocer una serie de rutilantes figuras para la literatura chilena. "Era una generación abierta, que dialogaba con intelectuales no sólo del círculo literario", afirma el escritor Armando Roa, quien conoció a Serrano a través de su padre (otro integrante de la generación). "Miguel Serrano era literatura en sí mismo, su obra está marcada por sus viajes, su experiencia personal y sus lecturas, que van desde lo local, con Huidobro, por ejemplo, hasta autores europeos como Hermann Hesse o Nietzsche", agrega.

 Sus pares dicen que su escritura tenía la intención de crear una identidad nacional a través de la mitología, forjando lazos entre la historia, la geografía y el pueblo indígena; además de la influencia del misticismo hindú en la religión occidental.

 Sin embargo, pese a sus méritos en las letras, nunca recibió el Premio Nacional de Literatura. "Sabía que no iban a dárselo por el tema del nacionalsocialismo, que fue una parte importante, aunque pequeña, en su literatura", asegura su hijo José Miguel. Su obra siempre quedó a la sombra de su tendencia política, aunque lo cierto es que sus temas también se adentraron en la filosofía, la religión, y los mitos y leyendas, lo que lo acercó a figuras de distintas corrientes y color político. "Las personas que más conocían y apreciaban a mi papá eran los socialistas. Entre ellos hay intelectuales destacados que pueden dejar de lado los estigmas y ven el verdadero valor que tienen las personas, en cambio la derecha se avergonzaba de algunas cosas", revela José Miguel Serrano.

 El cajón fue retirado de la iglesia -mientras sonaba la tradicional marcha alemana "Yo tenía un camarada"- en dirección al Cementerio General, hasta donde llegaron adherentes del nacionalsocialismo a expresar su apoyo a quien consideraban un "héroe" y un mentor. Fernando Saieh -íntimo amigo de Serrano en sus últimos días-, leyó una carta donde dijo que "para él, era necesario mantenerse firme en los viejos sueños", terminando con frases a favor del movimiento y con un "heil Hitler, heil Miguel Serrano, y viva Chile".

 Sus pares lo destacan:

 ARMANDO URIBE

Premio Nacional de Literatura 2004

 "La llamada ideología de Serrano, que tiene el nombre pintoresco de 'hitlerismo esotérico', es una manifestación de carácter surrealista y no perjudica en nada su obra literaria, realizada con una pluma aguda y penetrante. Fue un hombre de amistades profundas, como la que tuvo con Jung y con Hermann Hesse (en cuya casa vivió). En su notable 'Memorias de él y yo', en cuatro tomos (1993 - 1996), pinta un gran sesgo de la vida chilena. Es una de las mejores memorias que se hayan escrito en el país".

 

JOSÉ MIGUEL VARAS

Premio Nacional de Literatura 2006

 "Serrano es un escritor bastante original, curioso y muy diferente. Su libro de crónicas 'Ni por mar ni por tierra' es muy interesante. En él se da una mezcla de esoterismo (con ribetes vinculados al hinduismo), con el culto a Hitler y al nacionalsocialismo. He leído cosas de Serrano verdaderamente atroces, justificando el antisemitismo y el Holocausto. Sin embargo, es un escritor que debe tomarse en consideración, fundamentalmente por sus crónicas juveniles y por sus 'Memorias de él y yo".

 

 Obras fundamentales

En su primera publicación, "Antología del verdadero cuento en Chile" (1938), Serrano reunió a sus compañeros de generación Eduardo Anguita, Juan Emar y Juan Carlos Droguett, entre otros. La publicación hizo que estos autores comenzaran a ser reconocidos.

"Las visitas de la reina de Saba" es un libro emblemático publicado en 1960. Contó con un prólogo del psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo Carl G. Jung, quien distinguió a Serrano con su amistad. Fue editado por primera vez en Nueva Delhi, en su época de embajador.

 Miguel Serrano concluyó el cuarto tomo de "Memorias de él y yo" (Misión en los Transhimalaya) en 1996. Según Armando Uribe, "Es una de las mejores memorias que se hayan escrito en el país". Contiene una gran dosis de surrealismo, una de sus características.

martes, febrero 24, 2009

"EL MAL VIDRIERO" Charles Baudelaire



Hay naturalezas puramente contemplativas, impropias totalmente para la acción, que, sin embargo, merced a un impulso misterioso y desconocido, actúan en ocasiones con rapidez de que se hubieran creído incapaces.
El que, temeroso de que el portero le dé una noticia triste, se pasa una hora rondando su puerta sin atreverse a volver a casa; el que conserva quince días una carta sin abrirla o no se resigna hasta pasados seis meses a dar un paso necesario desde un año antes, llegan a sentirse alguna vez precipitados bruscamente a la acción por una fuerza irresistible, como la flecha de un arco. El moralista y el médico, que pretenden saberlo todo, no pueden explicarse de dónde les viene a las almas perezosas y voluptuosas tan súbita y loca energía, y cómo, incapaces de llevar a término lo más sencillo y necesario, hallan en determinado momento un valor de lujo para ejecutar los actos más absurdos y aun los más peligrosos.
Un amigo mío, el más inofensivo soñador que haya existido jamás, prendió una vez fuego a un bosque, para ver, según decía, si el fuego se propagaba con tanta facilidad como suele afirmarse. Diez veces seguidas fracasó el experimento; pero a la undécima hubo de salir demasiado bien.
Otro encenderá un cigarro junto a un barril de pólvora, para ver, para saber, para tentar al destino, para forzarse a una prueba de energía, para dárselas de jugador, para conocer los placeres de la ansiedad, por nada, por capricho, por falta de quehacer.
Es una especie de energía que mana del aburrimiento y de la divagación; y aquellos en quien tan francamente se manifiesta suelen ser, como dije, las criaturas más indolentes, las más soñadoras.
Otro, tímido hasta el punto de bajar los ojos aun ante la mirada de los hombres, hasta el punto de tener que echar mano de toda su pobre voluntad para entrar en un café o pasar por la taquilla de un teatro, en que los taquilleros le parecen investidos de una majestad de Minos, Eaco y Radamanto, echará bruscamente los brazos al cuello a un anciano que pase junto a él, y le besará con entusiasmo delante del gentío asombrado...
¿Por qué? ¿Por qué..., porque aquella fisonomía le fue irresistiblemente simpática? Quizá; pero es más legítimo suponer que ni él mismo sabe por qué.
Más de una vez he sido yo víctima de ataques e impulsos semejantes, que nos autorizan a creer que unos demonios maliciosos se nos meten dentro y nos mandan hacer, sin que nos demos cuenta, sus más absurdas voluntades.
Una mañana me levanté desapacible, triste, cansado de ocio y movido, según me parecía, a llevar a cabo algo grande, una acción de brillo. Abrí la ventana. ¡Ay de mí!
(Observad, os lo ruego, que el espíritu de mixtificación, que en ciertas personas no es resultante de trabajo o combinación alguna, sino de inspiración fortuita, participa en mucho, aunque sólo sea por el ardor del deseo, del humor, histérico al decir de los médicos, satánico según los que piensan un poco mejor que los médicos, que nos mueve sin resistencia a multitud de acciones peligrosas e inconvenientes.)
La primera persona que vi en la calle fue un vidriero, cuyo pregón, penetrante, discordante, subió hacia mí a través de la densa y sucia atmósfera parisiense. Imposible me sería, por lo demás, decir por qué me acometió, para con aquel pobre hombre, un odio tan súbito como despótico.
«¡Eh, eh!» -le grité que subiese-. Entretanto reflexionaba, no sin cierta alegría, que, como el cuarto estaba en el sexto piso y la escalera era harto estrecha, el hombre haría su ascensión no sin trabajo y darían más de un tropezón las puntas de su frágil mercancía.
Presentose al cabo: examiné curiosamente todos sus vidrios y le dije: «¿Cómo? ¿No tiene cristales de colores? ¿Cristales rosa, rojos, azules; cristales mágicos, cristales de paraíso? ¿Habrá imprudencia? ¿Y se atreve a pasear por los barrios pobres sin tener siquiera cristales que hagan ver la vida bonita,? Y le empujé vivamente a la escalera, donde, gruñendo, dio un traspiés.
Me llegué al balcón y me apoderé de una maceta chica, y cuando él salió del portal dejé caer perpendicularmente mi máquina de guerra encima del borde posterior de sus ganchos, y, derribado por el choque, se le acabó de romper bajo las espaldas toda su mezquina mercancía ambulante, con el estallido de un palacio de cristal partido por el rayo.
Y embriagado por mi locura, le grité furioso: «¡La vida bonita, la vida bonita!,»
Tales chanzas nerviosas no dejan de tener peligro y suelen pagarse caras. Pero ¡qué le importa la condenación eterna a quien halló en un segundo lo infinito del goce!

viernes, febrero 06, 2009

A Cecilia.-


Los  Alquimistas

Recuerdo mi infancia sin tiempo
Sentado en el árbol de piedra
Cantando la noche primera
danzando sin cuerpo y en fiesta

La siesta demora un abeto
Las lenguas de fuego descansan
Y al vuelo de mariposa te toco
éxtasis de remolinos locos

El viento resopla callado
por entre la roca eterna
encumbro a tus ojos de reina
El beso de amante cansado

Madre de todo un poco
Te canto este rito
Que dura cien años,
Que solo te baste
Para formar un lecho
Donde corra durante el estío
Por todas tus cumbres
Tú agua convertida en trigo


Entonces el ser y la sangre
Rebrotan,
La tierra del santo sepulcro
El nicho cavado en la testa
La sima en la cima del cuerpo

Trasformo mis voces en viento
Y canto recuerdos ignotos
De vidas crecidas al paso
Pellejos botados al raso.

Busco tus ojos de nuevo
Librando la sangre en la cueva
De agua y de fuego mezcladas
Y salto, con alas y a tientas
Arriba del árbol me esperas


Madre de todo un poco
Te canto este rito
Que dura cien años
Para formar un campo
Que crezca durante el estío
En todas la cumbres
Mi sangre convertida en vino. 


Rafael Martel

lunes, febrero 02, 2009

"A Margarita Debayle" Rubém Darío





A MARGARITA DEBAYLE


Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.


Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes.


Un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.


Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.


La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
una pluma y una flor.


Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti.
Cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.


Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.


Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.


Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?"

La princesa no mentía,
y así, dijo la verdad:
"Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad."

Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar."


Y dice ella: "No hubo intento:
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté."

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver."


La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."


Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.


La princesa está bella,
pues ya tiene el prendedor,
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.


Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento


Ya que lejos de mí vas a estar
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.



Rubén Darío